
Parecía un grano pequeño, como de un centímetro de diámetro o quizá de radio, quien puede saberlo, pero a los trece años parecía inmenso. No se retiraba, parecía mirar a través de la imagen del espejo y curiosamente parecía ir creciendo.
Junto con el grano llegó la pubertad, la insatisfacción, la incomprensión, introspección, la ira, la rabia y un rencor que lo iba consumiendo, pero sobretodo ese grano lo molestaba más que nada porque atraía miradas no de admiración como cualquier adolescente espera sino de curiosidad malsana.
Pocas personas saben cómo tratar a alguien que tiene una malformación o que es diferente a los demás. Así deben sentirse los enanos, los gordos, los lisiados como sumergidos en una pecera en donde algunos miran sin piedad, otros evitan mirar como si el grano fuera contagioso, más tarde evitarán mirar la muerte que quedo encerrada en esa pequeña masa de carnosidad, de células que crecen sin control, como si el instinto de rebeldía se multiplicara en el propio cuerpo.
Definitivamente aquel grano iba en aumento, pero su extensión abarcaba cada vez un área más grande entre la barbilla y la oreja. Cada día odiaba más al grano y al espejo que reflejaba aquella malformación incómoda y a los mirones y a su familia que se iba retirando con los repentinos cambios de humor de aquel adolescente.
"El sarcoma de Ewing se puede presentar en cualquier momento durante la niñez y comienzos de la edad adulta, pero generalmente se desarrolla en la pubertad cuando los huesos están creciendo rápidamente."1
La familia citadina corre de un lugar a otro tratando de alcanzar metas temporales. La madre de este adolescente se encuentra sumergida en su propio agujero negro, tratando de salvar su vida a los 40, con la carga de tres hijos y un marido preso a cuestas.
Junto con el grano llegó la pubertad, la insatisfacción, la incomprensión, introspección, la ira, la rabia y un rencor que lo iba consumiendo, pero sobretodo ese grano lo molestaba más que nada porque atraía miradas no de admiración como cualquier adolescente espera sino de curiosidad malsana.
Pocas personas saben cómo tratar a alguien que tiene una malformación o que es diferente a los demás. Así deben sentirse los enanos, los gordos, los lisiados como sumergidos en una pecera en donde algunos miran sin piedad, otros evitan mirar como si el grano fuera contagioso, más tarde evitarán mirar la muerte que quedo encerrada en esa pequeña masa de carnosidad, de células que crecen sin control, como si el instinto de rebeldía se multiplicara en el propio cuerpo.
Definitivamente aquel grano iba en aumento, pero su extensión abarcaba cada vez un área más grande entre la barbilla y la oreja. Cada día odiaba más al grano y al espejo que reflejaba aquella malformación incómoda y a los mirones y a su familia que se iba retirando con los repentinos cambios de humor de aquel adolescente.
"El sarcoma de Ewing se puede presentar en cualquier momento durante la niñez y comienzos de la edad adulta, pero generalmente se desarrolla en la pubertad cuando los huesos están creciendo rápidamente."1
La familia citadina corre de un lugar a otro tratando de alcanzar metas temporales. La madre de este adolescente se encuentra sumergida en su propio agujero negro, tratando de salvar su vida a los 40, con la carga de tres hijos y un marido preso a cuestas.
La soledad se apodera de esta alma rota desde afuera, como una novia celosa va ocupando los espacios que dejan las amistades, la familia y la sociedad. Es la única compañera que acompaña sus pensamientos, ella y el miedo que la acompaña del que nadie quiere saber nada.
(1)http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001302.htm
(1)http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001302.htm
No hay comentarios:
Publicar un comentario