jueves, 23 de diciembre de 2010

Miedo a morir


Cuanto frío y cuanto miedo, estar en la cama de urgencias de un hospital. Lo que parecía ser una simple perturbación adiposa dentro de un organismo sano y joven resultó ser uno de los mayores males de la humanidad actual.
Filas de 10 camas en la sala de urgencias del Instituto Nacional de Pediatría, cada una ocupada por un niño y su padre o madre. Cuerpos nuevos atacados sin piedad por alguna nueva o vieja enfermedad que no respeta la vieja consigna de que las mujeres y los niños son primero, o más bien la respeta demasiado.
Horas enteras esperando una comunicación médica con la esperanza de que sea positiva a pesar del deterioro visible de las condiciones del paciente.
Los padres pasan de la esperanza basada en un simple acto de fe a la desesperanza del testimonio científico de un médico. O a la comprobación de la existencia de dios cuando los ruegos parecen haber sido escuchados y los niños sanan ya sea por la acción del creador de todas las cosas o por la acción oportuna de un médico.
Hace tanto frío y tanta soledad en estos lugares. La presencia de su madre es lo único que salva este lugar, lleno de médicos insensibles que pasan junto a las camas leyendo el número de expediente como si se tratara del precio del aguacate en el supermercado.
Sarcoma de Ewing es el nombre técnico del mal y se presenta en 2 de cada 100 casos de cáncer infantil y estadísticamente se presenta más frecuentemente en niños que en niñas.
La mayoría de los tumores de Ewing aparecen como resultado de un reordenamiento cromosómico y posiblemente se hayan generado en el tejido fetal o embrionario que dio lugar al tejido nervioso. Suele presentarse en niños entre los 10 y 20 años de edad.

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