
Cuando no hay lugar para una explicación razonable, el ser humano construye a sus dioses y los mitos que los rodean. Es la humildad ante el desconocimiento y la ignorancia, es la entrega al destino gobernado por fuerzas desconocidas. Pero la soberbia se ha ido apoderando de nosotros. Los pequeños triunfos científicos nos han hecho creer que podemos dominar el tiempo, el espacio y el destino: es la guerra contra los dioses.
Cuando todas las expectativas del enfermo expiran, cuando toda la ciencia médica condena a muerte a un niño con cáncer, la madre se llena de humildad y suplica a Dios la cura del hijo, se entrega y entrega a su ser querido al destino gobernado por los dioses.
La entrega permite despedirse sin rencor del ser querido o agradecer humildemente la salvación milagrosa.
La guerra contra los dioses acarrea dolor, rencor, dudas, culpa. Que hubiera sucedido si el niño con cáncer viviera en un a zona apartada del país, no necesariamente en una comunidad indígena sino simplemente en una ciudad del interior. Y si el médico que lo atendió primero hubiera querido extirpar el tumor con una jeringa. Pero estaba en el Distrito Federal, México, en 2008 y asistió al Instituto Nacional de Pediatría, una serie de acontecimientos no planeados, azarosos que elevan las posibilidades de sobrevivencia. La madre agradece a los dioses o simplemente entrega su destino y el de su hijo a la voluntad divina.
Cuando todas las expectativas del enfermo expiran, cuando toda la ciencia médica condena a muerte a un niño con cáncer, la madre se llena de humildad y suplica a Dios la cura del hijo, se entrega y entrega a su ser querido al destino gobernado por los dioses.
La entrega permite despedirse sin rencor del ser querido o agradecer humildemente la salvación milagrosa.
La guerra contra los dioses acarrea dolor, rencor, dudas, culpa. Que hubiera sucedido si el niño con cáncer viviera en un a zona apartada del país, no necesariamente en una comunidad indígena sino simplemente en una ciudad del interior. Y si el médico que lo atendió primero hubiera querido extirpar el tumor con una jeringa. Pero estaba en el Distrito Federal, México, en 2008 y asistió al Instituto Nacional de Pediatría, una serie de acontecimientos no planeados, azarosos que elevan las posibilidades de sobrevivencia. La madre agradece a los dioses o simplemente entrega su destino y el de su hijo a la voluntad divina.

